viernes, marzo 15, 2013

Gonzalo Puente Ojea - El mito de Cristo



El salto conceptual desde la mesianidad popular tradicional hasta la mesianidad celeste y expiatoria, que anunciaba la inminencia del Reino de Dios en la Nueva Jerusalén como cumplimiento de la esperanza de la promesa de Dios a su pueblo, exigía un testimonio único y supremo ofrecido por el propio Jesús en cuanto Dios encarnado, testimonio diáfanamente formulado por él mediante una fórmula reiterada tres veces en cada uno de los evangelios sinópticos, y que se conoce, en la exégesis neotestamentaria, con el nombre de secreto mesiánico. El Mito de Cristo, columna vertebral de la fe cristiana, se sustentó en este testimonio, cuyo público fracaso, trágico y sangriento, evidenció que sólo había sido una ficción histórico-teológica. No obstante, vino a constituir paradójicamente el punto de arranque de una nueva religión mistérica, producto de la hibridación del judaísmo con el helenismo, tardíamente titulada cristianismo.

Para comprender el perfil definitorio del mito neotestamentario de Cristo, y las argucias de su falsedad, la explicación que ofrece este breve escrito solamente exige buen sentido, respeto de las reglas que impone el sano razonamiento, y la atenta lectura de los propios evangelios canónicos, en el contexto de la sencilla información que el autor suministra sobre la época y el medio ambiental en que se sitúan esos cuatro incoherentes relatos, una vez despojados de aditamentos eruditos o premisas dogmáticas destinados a deformar y adulterar la esencia de la predicación y la acción de un visionario conocido históricamente por el nombre de Jesús de Nazaret, cuya existencia real sigue siendo objeto de polémica, pero que por varias razones me inclino por una respuesta positiva si se concibe como un simple ser humano sin la menor connotación divina.


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