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lunes, julio 03, 2023

Las máximas o sabiduría de Ptahhotep

 

 ¡El libro más antiguo del mundo!

Ptahhotep vivió en Egipto durante el siglo XXIX a. de C., es decir hace más de cuatro mil años, en un sistema político de monarquía absoluta en la que el faraón era legitimado como manifestación de Horus en la tierra. Horus era el dios iniciador de la civilización egipcia.

Prevalecía un sistema económico que algunos han denominado «modo de producción asiático» y otros le describen como «despótico-tributario».

Nuestro escriba ha sido también conocido como Ptah-Hotep, que significa la plenitud del dios Ptah, y fue un visir o primer ministro que vivió en la Edad de Oro de las Pirámides. Dentro de la cultura egipcia Ptah es el dios de la creación.

La tumba o mastaba de nuestro personaje se encuentra al norte de Saqqara, en la ribera occidental del Nilo y a unos 30 kilómetros de El Cairo, capital de Egipto.

Ptahhotep ocupó los siguientes cargos político- religiosos al servicio del faraón:

Director de los escribas de documentos reales, Consejero de los Decretos del Rey, Sacerdote-lector, Escriba de los libros divinos, Director de todos los trabajos e Inspector de los sacerdotes.

Culminó su carrera de servicio público como visir o primer ministro de los faraones Dyedkava-Isesi y Unis, reinantes durante el siglo XXIV a. de C. Isesi fue el penúltimo faraón de la dinastía Quinta de Egipto, supremo líder desde 2380 hasta 2342 a. de C. Su complejo funerario también se encuentra en Saqqara. Unis (sucesor y posible hijo de Isesi) fue el último faraón de la Quinta Dinastía en el país de Horus y reinó en el Alto y Bajo Egipto desde aproximadamente 2345 hasta 2315 a. de C.

El visir era el cargo más alto después del faraón, su principal colaborador y confidente. Accedía al puesto por medio de una ceremonia iniciática restringida a un pequeño número de dignatarios y luego su misión era anunciada al país entero.

Estaba a cargo de la justicia, tanto celeste como terrena, y se ocupaba de los temas más variados que involucraban asuntos judiciales y de manejo de la economía. No existía separación entre iglesia y estado. En el cargo estaban fundidas las funciones políticas y religiosas.

El visir conducía todos los asuntos del Estado y solo tenía que dar cuentas diariamente al faraón. No existe mucha información sobre nuestro autor. Pero se sabe que cumplió bien su misión porque incluso después de su muerte fue prácticamente divinizado por la tradición egipcia.

Al cumplir los ciento diez años de edad, Ptahhotep reconoce que con la ancianidad llega la debilidad… los ojos están ciegos, los oídos sordos… la memoria se pierde… llega la incapacidad y por ello solicita al faraón que le brinde un sostén para su vejez y le permita trasladar su cargo de primer ministro a su hijo. Al mismo tiempo se ofrece para instruir y guiar a su hijo con su experiencia en el ejercicio de la función pública y para ello escribe las «Máximas», que constituyen un breve tratado de moral y de humanismo para conducirse en las cosas de la vida y también sobre la ética en el ejercicio del poder político y el arte de gobernar buscando la justicia, función que se consideraba sagrada.

Las «Máximas» o «Sabiduría de Ptahhotep» pertenecen a los llamados Textos de las Pirámides, descubiertos en el papiro Prisse en el siglo XIX. Años después fueron publicadas en escritura jeroglífica y luego traducidas al inglés y más tarde al español. La copia completa del libro se encuentra hoy en el Museo de Louvre en París.

Las «Máximas» constituyen un conjunto de consejos y guías para su hijo Ankhu, quien también se desempeñó en el cargo de primer ministro o visir del faraón, y son un verdadero Tao egipcio escrito hace más de cuatro mil años. La obra está constituida por 45 máximas y una conclusión.

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miércoles, marzo 15, 2023

Diario de un piel roja - Jean Raspail

 

 
 

Quiero agradecer a todos aquellos que han preguntado por la página en este año de ausencia por múltiples motivos, en algún momento pensé que blogger iba a eliminar el blog en cualquier momento, pero aquí seguimos contra la censura, viento y marea. Espero retomar regularmente con las publicaciones de unos cuantos libros, además de otras propuestas que más adelante iré presentando para revivir este proyecto.

Me dicen que varios links han sido borrados, en su momento iré revisando las publicaciones para verificar que fue borrado. Como entenderán la censura siempre estará presente y hace un año ofrecía la venta de todo el contenido del blog.

 

Jean Raspail el conocido autor francés, nacido el 05 de julio 1925 en Chemillé-sur-Dême, Indre-et-Loire. Con 35 novelas editadas Su faceta más conocida es la de escritor, en especial de ser el autor de la polémica y profética novela “El desembarco –“El campo de los Santos”–  nos da a conocer y también su faceta de viajero y explorador.
En esta doble faceta de escritor y explorador, Jean Raspail siempre se mostró como un defensor del arraigo de cada pueblo a su propia cultura, por ejemplo, con los pueblos indios de América del norte por los que siente una gran estima, fruto de la cual nació este libro "Diario de un piel roja" en el que refleja sus viajes por las reservas indias de los Estados Unidos y que dedicó a la princesa Nowadona de la tribu de los Shnnecoks. Libro hoy descatalogado e incontratable.

Cuando publicó, en 1975 Jean Raspail lo subtituló: "Mis viajes libres en las reservas indias de los Estados Unidos de América". Porque este libro vino a oponerse a la habitual literatura “indianista” de la época, Jean Raspail quien, toda su vida, escribió sobre minorías perdidas, pueblos olvidados o incluso desaparecidos. Por lo tanto, fue con empatía que fue al encuentro de los Cherokees, Crows, Choctaws, Sioux, Cheyennes, Raspail preguntó una vez en memoria de otros "indios" que habían desaparecido por completo. ¿Quién recuerda a los indios americanos? Bueno, Jean Raspail quien, a diferencia de los antropólogos licenciados, piensa fuera de la caja. Sin caer en clichés cientificistas y sentimentalistas.

El que Jean Raspail defendiera y admirara el arraigo de distintos pueblos a sus respectivas culturas nunca pareció molestar a nadie hasta que el señor Raspail decidió que su propio pueblo, el francés, y por extensión todos los pueblos europeos merecían la misma consideración y el mismo arraigo.

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