Descripción

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domingo, septiembre 22, 2013

Psicología de las Masas - Gustave Le Bon




"La masa es siempre intelectualmente inferior al hombre aislado. Pero, desde el punto de vista de los sentimientos y de los actos que los sentimientos provocan, puede, según las circunstancias, ser mejor o peor. Todo depende del modo en que sea sugestionada".

Este diagnóstico pertenece a un hombre que poseía una estatura imponente y un aspecto irónico y severo, figura un poco altanera, frente ancha, ojos penetrantes y barba a la antigua, evocando a los dioses retratados por el Renacimiento. Se llamaba Gustave Le Bon, y nació en 1841, en la villa de Nogent-le-Rotrou, en una familia bretona de larga tradición militar.

Gustave Le Bon (1841-1931) fue condiscípulo de Théodule Ribot (Las enfermedades de la personalidad) y de Henri Poincaré (La ciencia y la hipótesis). Su obra, una de las más importantes de los siglos XIX y XX, está dominada por dos títulos: Psicología de las masas (1895) y La evolución de la materia (1905). Viajero infatigable, sus primeras expediciones (África del norte, India y Nepal) despiertan su atención. "Me fue evidente al espíritu –relata en su obra sobre Las leyes psicológicas de la evolución de los pueblos (1894)– que cada pueblo posee una constitución mental tan fija como sus caracteres anatómicos, de la que se derivan sus sentimientos, sus pensamientos, sus instituciones, sus creencias y su arte".

Precursor de la psicología social, también se interesa por la etnología y la antropología, la sociología, la filosofía de la historia, la física, la biología, la historia de las civilizaciones y de las doctrinas políticas, la cartografía, y (¿por qué no?) la psicología de los animales, especialmente del caballo, y la equitación.

Hombre de ciencia, vivía en solitario en su apartamento-laboratorio, inventó en 1898 el primer reloj que se daba cuerda a sí mismo, gracias a las variaciones de la temperatura diurna. Poco después demostró la existencia de la radioactividad. Antas que Einstein, también demostró la falsedad del dogma de indestructibilidad de la matera, estableciendo que la materia y la energía no son más que una sola y la misma cosa bajo dos aspectos diferentes (La evolución de la materia).

Dedicada a Théodule Ribot, la publicación de Psicología de las masas provoca un revuelo en los estudios de las mentalidades y consagra a su autor: en 1929 alcanza la edición número 67. La idea central es ésta: cuando se encuentra formando parte de las masas, el hombre individual se convierte en otra persona, en una "célula" cuyo comportamiento deja de ser autónomo, y que se subordina más o menos plenamente al grupo (permanente o pasajero) en el cual él es un simple componente.

lunes, septiembre 09, 2013

Benjamín de Roncesvalles - El antisemitismo actual


En este libro, salido de la pluma de un escritor holandés residente en España que escribe bajo el seudónimo de Benjamín de Roncesvalles, no se hace ninguna acusación contra un pueblo en particular.

Como el lector comprobará, en sus páginas se alaba a los judíos de buena voluntad Spinoza, rabino Goldstein, etc. a la vez que se denuncia a los elementos ultrajudíos que, a lo largo de los siglos, llevaron a su propio pueblo a la catástrofe, o bien al avasallamiento financiero o militar de otras naciones.

La opresión que sufre el pueblo palestino es el mejor ejemplo de esclavitud bíblica de nuestros días. El sionismo ha sido condenado como movimiento racista por la Organización de Naciones Unidas. Por eso una significativa parte del pueblo israelí (la más noble, sin duda), frente a la vesanía de muchos de sus dirigentes políticos, desea conceder la independencia a los sufridos palestinos.

Excelente trabajo, muy recomendada su lectura.


lunes, septiembre 02, 2013

Carlos Dinen - Nuestro Porvenir


El relativismo hecho religión y el derrumbe de la tradición, el NIHILISMO hecho dogma democratico en perjuicio de la Civilización de Occidente.

Este libro explica el origen de la plusvalía capitalista y la amenaza comunista.

viernes, agosto 30, 2013

Martín Lozano - El Nuevo Orden Mundial


 Génesis y desarrollo del Capitalismo Moderno

Excelente libro que aporta referencias interesantes sobre bolchevismo y fascismo desde una perspectiva histórica alternativa y realiza un recorrido completo por la historia del capitalismo, remontándose hasta sus raíces medievales hasta su culminación en el Capitalismo de Estado o Comunismo. Hace énfasis en la influencia de los judíos en este proceso, pero sin fanatismos antisemitas. La información que aporta el libro es muy provechosa, sobre todo para recién llegados a la cuestión revisionista y del NWO; además, está escrito en un estilo impecable, con un lenguaje duro pero elegante y un tono en ocasiones indignado, con esa indignación que nace de la constatación de la injusticia.


martes, agosto 27, 2013

Erich Kempka - Yo quemé a Hitler, 13 años al servicio del Führer


Erich Kempka, el hombre que durante trece años cargados de historia manejó el volante del coche personal de Hitler, es un testigo realmente excepcional. Es también uno de los contados supervivientes del acto final de la tragedia del III Reich y asistió a la representación del mismo entre las ruinas humeantes de la Nueva Cancillería. Allí presenció, muy de cerca, y casi íntegramente, el fin de Hitler, es decir, un episodio que ya es puro recuerdo histórico y al que, sea cual sea el juicio que en definitiva puedan merecer sus protagonistas, no cabe negar un contenido de dramática grandeza. 

Pero, pese a su tema, el libro de Kempka carece de toda pretensión épica. Es lo que debe ser, de acuerdo con la personalidad de su autor – el libro de un hombre sencillo - que participó en grandes acontecimientos, supo observarlos serenamente y, llegado el caso, estuvo a la altura de los mismos en actitud tan sobria como viril.

En las págnas del libro de Kempka late una de las más altas virtudes humanas: la lealtad. No intenta enjuiciar los actos del que fue su jefe y amigo ni toma posición ante lo que no ha visto. Rinde tributo al hombre, pero se abstiene de juzgar la figura histórica, pues, con una modestia que más de uno podría aprender de él, sabe que no es él el más indicado para hacerlo. Sabe, y si no lo sabe lo intuye, que los juicios de este calibre corresponden a la Historia; y ésta no los establece hasta que ha crecido la hierba sobre todos los actores y, después, procede haciendo sentar en el mismo banquillo a los «malos» y a los «buenos», a los vencidos y a los vencedores de la circunstancia enjuiciada.

En todo caso, el libro de Kempka cumple un deber para con la posteridad relatando los hechos tal cual los vió. Su relato contribuye también a poner fin a la leyenda infundada de un Hitler fugitivo y errante.


De todos modos, poco importa que se siga fantaseando. Lo cierto es que Erich Kempka es el único hombre hoy accesible que, refiriéndose a aquellos días trágicos de 1945, tiene derecho a decir: «Yo estuve allí y esto he visto».




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