sábado, enero 18, 2014

Paulo López Meza - Dios, el Ario y el Golem


Tengo la oportunidad de contarles lo que he visto, como puertas se han abierto ante mi mostrándome las magnificas palabras que los dioses me han permitido compartir con ustedes, acaso no es esa su misión, acaso no me he convertido en vuestro mensajero, vuestro vocero y vuestra luz en este mundo de penumbras, cantos he escuchado que se cantaban hace miles de años, visiones y palabras han llegado a mi por esta fe que mantengo y comulgo con ustedes, soy uno como ustedes, como fuimos antes, como volveremos a ser, los señores de la mano izquierda, de la sangre tan roja que hace palidecer al fuego, somos nosotros, los portadores de la luz, los cazadores de las estepas que se mueven entre la bruma gritando el nombre, los nuevos portadores del signo, de la señal de salvación de la raza divina, los hijos de los desenfrenados, los de la corona aurea sobre nuestras cabezas, los que con estandartes de leones y castillos, conquistaron tierras indómitas y sometieron a pueblos bajo su reinado. Hemos estado aquí siempre, aguardando por ti, esperando por la señal que te libere, ahora está todo completo, ahora eres uno de los nuestros, ahora eres parte del ritual de fuego y sangre que espera a los héroes caídos, a los hijos del ángel de la luz, los poseedores del verdadero mito, los recuperadores de la memoria, los señores de la svástica.

Relacionar estos tres conceptos no es una casualidad, como muchas de las cosas que me han sido reveladas y he expuesto para ustedes, ...ahora siento que la misión encomendada para mi está cumplida, OH seguidores de la fe de la luz, ¿podéis iluminar a unos viejos camaradas a la lucha...?, como rezaba un antiguo poema que he hecho mío, todas estas revelaciones obedecen a la consistencia en figura y fondo expuesta en mis dos anteriores obras, el título de esta es también  consistente con los tres estados del hombre, dios- animal –máquina, independiente de los muchos estados intermedios que hemos expuesto para ustedes, jóvenes portadores de la luz, estados a los que el dios arquetípico cósmico ha estado expuesto y sufrido en carne propia, son las llagas de su involución entre el todo universal y la dispersión de su existencia, de su esencia en este mundo, las cadenas de hierro que comenzaron con la dispersión de su cuerpo Y disgregación cada vez mayor por este plano comienzan a romperse, ¿No son los pasos de Hércules los que siente prometeo encadenado por entregar el fuego a los hombres?, la liberación de las aves de rapiña devoradores está cerca, pero debe soportar el dios el último tormento, sentir como su carne es desintegrada por los animales, sufrir la última noche de regeneración antes de ser liberado, gritar, pero sin derramar lagrimas al ver como el todo es desintegrado en porciones infinitas, pequeñas, como las llamas se apagan por última vez, pero esa tristeza infinita es también señal de la alegría que viene,  la alegría de la restauración, la visión de Venus sobre el horizonte, la anunciación del día.




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