domingo, enero 10, 2016

Franco Giorgio Freda - La desintegración del sistema


En 1969, cuando el fenómeno de la revuelta estudiantil en Italia inducía a muchos a creer que la movilización para la destrucción del sistema burgués había comenzado, un joven platonista y evoliano llamado Giorgio Freda consideró un deber dirigirse a los jóvenes nacionalrevolucionarios para replantearles los principios del verdadero Estado.

Convencido de la necesidad urgente de la subversión radical del mundo burgués, Freda creía que había que intentarlo todo, y que si tantos jóvenes estaban tratando de dar un contenido verdaderamente revolucionario a la revuelta, había que buscar una alternativa al marxismo ortodoxo o al reformismo socialdemócrata. Para éstos jóvenes estaba pensado “La desintegración del sistema”, y lejos de ser el programa personal de Freda, sintetiza las demandas comunes de todo el ambiente nacional-revolucionario. 

Con "La desintegración del sistema" la doctrina tradicional del Estado era presentada en su oposición integral e irreducible al mundo burgués. La misma organización comunista del "Estado popular" teorizado por Freda se veía como una terapia de emergencia que se hacía indispensable para la eliminación del homo economicus: remedio homeopático en función de "la restauración de lo humano" en una viril Rangordnung.

La larga persecución a la que Freda ha sido sometido, más allá de los pretextos judiciales formales, se explica precisamente por su compromiso radical de soldado político. 

Siendo un hombre de acción, Freda se propone llegar a sectores involucrados en la negación objetiva del mundo burgués, incluyendo a la ultra-izquierda extra-parlamentaria a la que propone una estrategia leal a una lucha unida contra el sistema. 

Freda teorizó para ello un comunismo aristócratico –un comunismo espartano y elitista que le debe más a Platón que a Karl Marx-, un término medio entre la República de Platón, el Tercer Reich y la China de Mao. Sin embargo, fue llamado “maoísta” traidor o “agente de la China comunista” por la derecha, o un “fanático racista” y “delirante antisemita” por la izquierda legalista y los círculos sionistas, y temerosamente rechazado por algunos ultraizquierdistas con los que había colaborado activamente, para terminar por ser denigrado por la prensa que le puso la etiqueta supuestamente infamante de “nazi-maoísta”.

Para callarlo, se lo acusó injustamente por un atentado terrorista contra las oficinas centrales de la Banca Nazionale dell'Agricoltura, del que después de dieciséis años de investigación fue absuelto en última instancia, pero se le encarceló por delitos de opinión, “asociación subversiva”, según el lenguaje jurídico italiano; lo que le valió una condena de quince años de prisión.
 

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