lunes, septiembre 30, 2013

La Desaparición de la Gran Raza - Madison Grant



Grant debe su fama principalmente a su popular libro La caída de la gran raza (The Passing of the Great Race) de 1916, un elaborado trabajo sobre higiene racial que detalla la historia racial de Europa, considerado uno de los más influyentes y exaltados que sobre el racismo científico y la eugenesia hayan salido de los Estados Unidos. Nacida de las preocupaciones de Grant acerca del cambio en la composición de la inmigración a América a principios del siglo XX (caracterizada por el incremento de inmigrantes procedentes de la Europa meridional y oriental con respecto a los de la Europa occidental y septentrional), The Passing of the Great Race era una interpretación racial de la historia y de la antropología contemporáneas que pivotaba sobre la idea de «raza» como el motor básico de la civilización. Específicamente promovía la idea de la «raza nórdica» (una ambigua agrupación biológico-cultural enraizada en Escandinavia) como el grupo social clave responsable del desarrollo humano; así el subtítulo del libro era The Racial Basis of European History («La base racial de la historia europea»). Como eugenesista convencido, Grant abogó siempre por la separación, la cuarentena e incluso la desaparición de los rasgos «indeseables» y de los «tipos raciales sin valor» dentro del capital genético humano; así como por la promoción, la difusión e incluso la restauración de los rasgos «deseables» y de los «tipos raciales valiosos» conducentes a la sociedad nórdica:

Un sistema rígido de selección para eliminar a los débiles o inadaptados —es decir, a los fallos sociales— solucionaría toda la cuestión en cien años y nos permitiría además librarnos de los indeseables que atestan nuestras cárceles, hospitales y manicomios. El individuo mismo puede ser nutrido, educado y protegido por la comunidad durante toda su vida, pero el estado, mediante la esterilización, debe cuidar de que su línea termine con él, o de lo contrario caerá sobre las generaciones futuras la maldición de una carga cada vez mayor de equivocado sentimentalismo. Es ésta una solución práctica, compasiva e inevitable para el problema en su conjunto, que se puede aplicar a un círculo cada vez mayor de descartes sociales, comenzando siempre con el criminal, el enfermo, y el loco, y extenderse gradualmente a tipos que podemos llamar débiles más que defectuosos y quizás en última instancia a los tipos raciales sin valor.

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