jueves, enero 09, 2014

Ray Sharwin - El teatro de la Magia



La magia no es una religión de la forma en la que entiende el término la mayor parte de la gente. La religión como se concibe habitualmente, es el enemigo moral de la magia. Una restringe, la otra libera. Una requiere que el intelecto se retuerza hasta acomodar sistemas de creencias absurdos, la otra adopta sistemas de creencias absurdos bajo voluntad y como medio para sus propósitos. Después los destruye. La religión pretende que haya un sólo estilo de vida para todo el mundo, en todo momento y lugar. La magia(k) requiere principios flexibles y personalizados en cuanto a creencias y conducta. 

El hechicero sale del mundo 'real' y entra en situaciones estrafalarias previamente prescritas. Para él este es un teatro de operaciones; su efecto afila sus percepciones tanto sobre el mundo real como sobre sus distintas funciones en él. 

La religión necesita tener pensamientos prístinos y definir determinadas acciones como malvadas. La magia(k) abraza e intenta entender todos los aspectos de la vida y el pensamiento, necesitando para llegar a hacer esto siempre la diferencia; lo caliente o lo frío, pero no lo tibio. 

El hechicero no cree en nada en el sentido de tener fé, y sus experimentos pretenden averiguar si hay algún valor o verdad en los postulados que él mismo ha fabricado o que ha tomado prestados de algún otro lugar. Es cierto que maneja algunas creencias orgánicas, pero es por mera conveniencia. Por ejemplo, cree que la silla en la que está sentado o en la que se va a sentar es real... la mayor parte del tiempo. Esto no es sin embargo un proceso mental sino uno orgánico (o instintivo), sin el cual la vida sería imposible. 

Intelectualmente hay muchos conceptos que utiliza en los que no cree, excepto dentro de parámetros cuidadosamente elegidos. Por ejemplo, el mago puede examinar facetas de sí mismo que no se encuentran fácilmente accesibles utilizando ángeles y demonios como vehículos a ser invocados, o bien usarlos como arquetipos de conocimiento, energía o poder personal. Para poder utilizar al cien por cien estos y otros mecanismos, debe ser capaz de suspender su incredulidad. Esto, es lo que hace en el Teatro de la Magia(k).

El término más apropiado aquí es "Teatro", ya que el mago está poniendo el pie fuera de lo que considera normalmente que es la realidad, creando un universo personal maleable a través de su voluntad, su intelecto, y su imaginación. Cuanto más estrafalario este Teatro, menos probable es que confunda sus actividades en este nivel con los aspectos más mundanos de su vida. 

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